miércoles, junio 21, 2006

Un buen aire

Desperté y estabas envuelta en esa toalla mirando con enorme ternura hacia la ventana. El cielo de invierno dejaba el sol frente a ti, y este daba con enorme fuerza que cortaba con su luz la silueta de tu cuerpo; al fondo se escuchaba una aria de opera y el olor a café se posaba en mi nariz mientras que con delicado movimiento estirabas tu cuerpo dejando menos espacio al sol y otorgando mas segundos al placer visual de esa tierna mañana.

No quería que te fueras pero también no podía retenerte.

Nunca fuiste mía, pese a las horas que invertí en convencerte para que en ese boliche te quedaras conmigo; sabia muy bien que yo solo era un espacio para ti y que tu dejarías que me acercara solo para beber en paz y para así cubrir tu expediente de noche que al día de hoy se convierte en el anecdotario de tu vida sola y falsa.

Pero paso lo que solo en las novelas ocurre, no se fue. No salio del cuarto.

Se acerco con calma y dulzura hacia el baño en la habitación y dispuso del agua tibia para llenar la bañera mientras la música de esa mañana se escucha mas fuerte y mis ojos ya despiertos al igual que yo sabíamos que de esos minutos extras dependía su permanencia o el olvido.

El agua salía con fuerza y el vapor empañaba el espejo del baño y lograba colarse lentamente en el espejo junto al buró del cuarto. Ella guardaba silencio, lo único que expresaba era el compás de la música con el leve movimiento de su mano al ritmo de la canción.

De repente, la toalla cayo al piso y la madera trono como si esta se despertara, en ese momento yo comencé mi sueño.