jueves, abril 27, 2006

La molestia


Que torpe he sido toda la vida. Hasta la molestia cotidiana me la cambia por su sonrisa franca y eso me enoja más que la misma molestia.
En el lugar común donde día a día permanece su alta y espigada figura la falta de oxigeno es la razón única para que me duela la cabeza y los oídos retumben como gotas de agua en un techo de vidrio. Muchas veces me he preguntado si es mi corazón quien genera ese dolor junto con ese fuerte palpitar y muchas veces me he contestado que no es otra cosa más que el ansia que provoca la forma en que se desliza hacia mis ojos; sin embargo hoy ese desliz sonaba como lija en el piso de madera después de haberme dado cuenta que en ella si existen las faltas, los errores, los vacíos y espacios cubiertos de indefinición.
Hoy fue cuando la cuenta de los errores dejo de sumar cero y de manera contundente se deposito en ese cesto donde no me gusta que haya espacio para ella, para mi madre y para mis Santos, pero sucedió..ella se equivoco.
De verdad eso nunca había sucedido, eso jamás lo había pensado, como fue que llego a cometer tan torpe error y mas aún, a disculparse y a tener la razón ¡como fue eso!; como se hace eso y se sale ileso del alma y de la responsabilidad, como se hace eso y se guarda la calma mientras los torrentes de enojo me los quedo yo y guardo la respiración para no agitar las manos y gritarle y ofenderla y decirle que no, no, no…no se hace eso, no se cometen errores, no se falsea, no se puede tropezar.
Pero después de todo, después de las gotas, las lijas y la molestia con dolor de cabeza, viene la paz, viene el silencio, viene la verdadera lluvia, viene a mí y nuevamente me desdobla.